En las palabras de Elena no había ninguna mentira: el odio estaba allí, tan vivo como el primer día.
Xander, por supuesto, lo notó. Tantas cosas que había querido decir... todo se le olvidó al darse cuenta de que ella no estaba bromeando.
Esa noche, de hace más de cinco años, fue un error.
Al inicio, él se disgustó. Estaba verdaderamente furioso por lo que le había hecho. Todo fue una trampa para que se acostaran; jamás imaginó que Elena fuera así de maquiavélica. ¿Cómo iba a sospechar de ella?