El primer día luego de la operación, Luna durmió profundamente bajo el efecto de los fármacos, mientras Julieta, desde un rincón de la habitación, observaba cómo el color regresaba poco a poco a las mejillas de su hija. En otro piso, Xander lidiaba con su propio proceso. Las enfermeras lo describían como un hombre difícil, que exigía informes médicos cada hora y que se negaba a permanecer en cama más tiempo del necesario.
Solo cuando ella aparecía en su habitación sosteniendo un cuenco de sopa,