Faltaban tan solo unos minutos para una operación que pensó que nunca se realizaría. Su hija había batallado tanto todos estos años con una enfermedad autoinmune, que parecía que por fin la vida le daría un poco de descanso.
Julieta se acercó a la pequeña cama y tomó la mano diminuta y pálida de su hija. Sentía que el corazón se le encogía al verla tan frágil, inconsciente. ¿Cómo podía soportar verla así, si la amaba más que a nada en el mundo? Por un momento, incluso no le importó decirle la v