Evans estaba casi segura de que había perdido el tiempo yendo a hablar con esa mujer. Pero no pudo evitarlo; estaba verdaderamente desesperada por el futuro de su hijo.
Se sentó en el sofá de su humilde casa y sujetó en sus manos un portarretratos que contenía una foto de Mateo cuando tenía cinco años. Su hijo siempre fue brillante en los estudios. Tan destacado. Tan inteligente.
Ella era madre soltera; el padre de Mateo la había abandonado cuando se enteró de su embarazo y, desde entonces, nun