De alguna forma, el silencio fue absoluto. Todos los ojos se enfocaron en el recién llegado, quien sostenía la muñeca de la mujer que alguna vez prometió llevar al altar como si fuera un enemigo al que no dudaría en aplastar entre sus manos. Xander, por su parte, no miraba a la multitud, ni siquiera a la mujer que jadeaba de dolor bajo su agarre; sus ojos estaban fijos en Brandon, ordenándole sin palabras que la soltara.
Como respuesta, Brandon la apretó mucho más; sus brazos la rodearon de una