Carlotta se subió a su auto dando un sonoro portazo, pero antes de que pudiera arrancar y desaparecer de la casa de su hermano, una figura se atravesó en su camino.
Sus ojos se entrecerraron al observar a la enfermera de la bastarda de Julieta. No había tenido mucho trato con ella, pero esa mujer parecía querer decirle algo.
—¿Qué quieres? —bajó el vidrio de la ventanilla del auto sin mucha paciencia.
—Señorita —habló ella, acercándose. Su postura, su mirada... era como una serpiente sigilosa c