Cuando Julieta entró en su habitación, se quedó apoyada contra la madera, observando ese lugar que no podía llamar suyo. Nada en esa casa le pertenecía. Era como una extraña viviendo una vida ajena. Ni siquiera el nombre era real, mucho menos el anillo que adornaba su dedo. Hacía tanto tiempo que su vida había perdido el rumbo.
Y ahora… se deslizó con lentitud contra la puerta, mientras su cartera caía primero, abriéndose en el proceso. Las dos pruebas de embarazo sin realizar seguían ahí, reco