Julieta no pensó en nadie más. Nunca había pensado en nadie más. Ni la primera vez en que estuvieron juntos, ni mucho menos ahora.
Cuando la pasión y la lujuria se disolvieron, se encontraron acostados de espaldas con la mirada perdida en algún punto fijo del techo, mientras sus respiraciones pasaban de la aceleración a un ritmo más acompasado. Era ese momento de paz ante la tormenta, donde los problemas aún no tocaban a la puerta. ¿Quería abrir cuando lo hicieran? ¿Quería atenderles? No, solo