Cuando tocaron a la puerta de su habitación, eran alrededor de las seis de la mañana.
—Señora… —llamó suavemente una empleada.
Julieta se removió en la cama, demasiado cansada como para comprender que alguien la buscaba.
—Señora… por favor —continuó la mujer, y su voz se confundió con un sueño en el que nadaba en un río, mientras alguien la saludaba desde la orilla—. El señor Thorne está aquí. Está gritando abajo y exige verla.
—¿Quién…? —Abrió apenas un ojo, encontrándose con Martha en pija