Un brazo rodeaba su cintura de una forma firme y posesiva. No quería abrir los ojos; no quería despertar ni descubrir que era el momento de irse. Hacía muchas horas que era el momento de irse, pero había estado alargando esto tanto… una hora robada tras otra. Y, de algún modo, quería convertirlo en años. Quería ser Julieta: una mujer nueva, una mujer sin pasado, una mujer sin rencores ni memorias. Pero no podía olvidar su verdadero yo: Elena Silva, la gordita a la que despreciaron y hundieron e