Mundo ficciónIniciar sesiónAMELIA
Entré a mi camerino y ahí estaba otra vez: el aroma dulce de una orquídea blanca, ni siquiera me molesté en leer la tarjeta; la tomé con dos dedos y la eché directo al bote de basura. Era la séptima en una semana, Aaron Kane simplemente no sabía cuándo detenerse. Había bloqueado ya cinco números diferentes, pero el tipo parecía tener un arsenal de teléfonos y una paciencia infinita para el







