Mundo ficciónIniciar sesiónAMELIA
Al salir de la televisora me detuve en seco antes de llegar a mi auto, dos figuras bloquearon mi camino. Eran ellos, los monstruos de mi pasado habían cruzado el océano para terminar de devorar lo que quedaba de mí.
—Pero miren qué elegancia, si parece que Londres te ha sentado de maravilla ballenita —la voz de Chad goteaba un veneno que me revolvió el estómago.
Ivanna







