AMELIA
—Tengo que bajar un momento a recibir a Sebastián —me dijo Aarón, dándome un beso corto en la frente antes de soltarme la mano—. Va llegando al estacionamiento con los abogados para ver cómo frenamos la porquería que armó a George. No me tardo nada, bonita. Descansa.
Asentí en silencio, viéndolo cruzar la puerta a pasos rápidos. En cuanto me quedé sola en la camilla, el silencio del cuarto me cayó encima. Me pasé la mano por la panza, sintiendo al porotito moverse despacio, atrapada en u