AARÓN
Crucé el pasillo de regreso a la habitación a toda prisa, acomodándome la playera. Al abrir la puerta, me extrañó ver que Amelia estaba despierta, sentada en la camilla. Tenía las mejillas un poco húmedas y se limpiaba el rostro con prisa, pero su semblante lucía más tranquilo que cuando me fui. Me acerqué rápido y me senté en la orilla del colchón.
—¿Pasó algo mientras no estuve, bonita? —le pregunté, tomándole la mano y revisándole el suero—. Te noto conmovida. ¿Te dolió la panza otra v