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Di un par de pasos temblorosos hacia la orilla de la cama, intentando tragarme el nudo que me quemaba la garganta. La habitación olía a desinfectante fuerte y el ritmo constante del monitor de presión era lo único que llenaba el silencio. Lucas me sostenía la vista con una frialdad que me calaba hasta los huesos, como si en lugar de su hijo viera a un completo desconocido parado a mitad del cubículo.
—T&u







