CAPITULO 36

AMELIA

—Ya estás hecho Amelia, respira —Olivia me acomodó el cuello del vestido blanco sastre, apretando mis hombros con fuerza a través del reflejo del espejo.

—Es solo un trámite, Oli. Un maldito papel —respondí, aunque sentí que el pulso se me aceleraba. Mis manos completamente frías, se aferraban a la pequeña carpeta que contenía el contrato prenupcial que Sebasti&aac

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