AARON
Sujeté el volante con firmeza mientras el auto avanzaba sobre la carretera de regreso a Londres. De reojo, miré a Amelia; Estaba recargada contra la ventana, observando el paisaje pasar. El silencio dentro del vehículo ya no era el campo de batalla de los primeros días. Algo había cambiado entre nosotros después de la noche de la tormenta, una tregua invisible pero real.
—¿Sigue el malestar? —pregunté, rompiendo el hielo en un tono suave.
Amelia se giró lentamente hacia mí, regalándome un