AMELIA
La tormenta estalló pasada la medianoche, el viento golpeaba las ventanas de la habitación y los relámpagos iluminaban la habitación de manera intermitente. Yo estaba acostada en la cama, completamente rígida, con los ojos abiertos apuntando al techo en la penumbra. Intentaba respirar con calma, pero el sonido de un trueno sacudió las paredes de la casa.
Ahogué un grito de terror, encogiéndome sobre el colchón mientras el aire se me escapaba de los pulmones.
—¿Amelia? ¿Estás bien? —la vo