66. Ley del hielo
El camino al penthouse se sentía eterno, cada minuto al volante se prolongaba como una especie de prueba silenciosa que ambos parecían estar enfrentando con toda la paciencia y el autocontrol que podían reunir. El auto avanzaba por las calles iluminadas por las luces de la ciudad, pero dentro de él, el silencio seguía pesando, dándole al aire una sensación eléctrica. Heinz estaba consciente de que, en cada parada, en cada semáforo, el reflejo de Ha-na en la ventana le devolvía esa imagen serena