210. La promesa
El amanecer apenas asomaba en el horizonte cuando Heinz y Ha-na salieron a correr. La brisa matutina refrescaba sus cuerpos mientras sus pasos resonaban sobre el pavimento. Corrían a un ritmo sincronizado, respirando acompasadamente, sintiendo el latido de su corazón elevarse con el esfuerzo. La ciudad aún dormitaba, lo que les permitía disfrutar de la tranquilidad de esas primeras horas del día, donde solo el sonido de sus zancadas y el susurro del viento los acompañaban.
Ha-na, con su cabello