Mundo ficciónIniciar sesiónHa-na, una mujer coreana cuyos padres emigraron a América, enfrenta una pesadilla en lo que debería ser el día más feliz de su vida, cuando su prometido la deja plantada en el altar. En medio de su desesperación aparece Heinz Dietrich, un magnate arrogante, quien le roba un beso ante la multitud y se la lleva en brazos. Ahora, a pesar de su diferencia de edad, Ha-na debe cumplir con un contrato olvidado: darle un beso diario, antes de medianoche. ¿Mantendrá su resentimiento hacia el amor o se rendirá a nuevos sentimientos por Heinz?
Leer másEl viento arremolinó las faldas de Ha-na, envolviéndolos en un abrazo invisible, mientras Heinz, sin soltar su mano, la atrajo de nuevo hacia él. Esta vez, el beso fue más lento, más dulce, como si quisieran memorizar cada segundo. Sus lenguas se encontraron en un baile conocido, pero siempre nuevo, explorando, saboreando, prometiéndose cosas que solo el corazón entendía.Las luces de la ciudad seguían brillando, testigos mudos de su amor, mientras la luna, ahora alta en el cielo, los envolvía en su luz. No había prisa, ni preguntas, ni dudas. Solo ellos, el viento, y la noche que los cobijaba.Se quedaron allí por largos minutos, abrazados en la inmensidad de la noche, sabiendo que en ese instante no existía nada más. Ni el pasado, ni el miedo, ni las dudas. Solo ellos, y la certeza de que su amor trascendía cualquier obstáculo, cualquier sombra del ayer. Entonces, decidieron terminar su velada romántica en otro lugar más privado.El ascensor que los llevó a la suite era un espacio í
El amanecer apenas asomaba en el horizonte cuando Heinz y Ha-na salieron a correr. La brisa matutina refrescaba sus cuerpos mientras sus pasos resonaban sobre el pavimento. Corrían a un ritmo sincronizado, respirando acompasadamente, sintiendo el latido de su corazón elevarse con el esfuerzo. La ciudad aún dormitaba, lo que les permitía disfrutar de la tranquilidad de esas primeras horas del día, donde solo el sonido de sus zancadas y el susurro del viento los acompañaban.Ha-na, con su cabello oscuro recogido en una coleta alta, tenía gotas de sudor resbalando por su frente. Su piel blanca resplandecía bajo la tenue luz del sol naciente, y sus ojos en forma de hoja de sauce se entrecerraban mientras corría, concentrándose en la sensación de libertad que el ejercicio le brindaba. Heinz mantenía el paso con facilidad. Su cuerpo atlético se movía con gracia y determinación, su respiración era firme y controlada. Los músculos de sus piernas se tensaban con cada zancada, demostrando su fo
El regreso a la ciudad no fue abrupto, pero sí marcó una nueva etapa en sus vidas. Heinz y Ha-na se reintegraron a la rutina, aunque ahora lo hacían como pareja, aunque en la oficina mantenían el mismo trato profesional de siempre. Él seguía siendo el inversionista de la empresa, una figura respetada y temida por algunos, mientras que ella, su secretaria y ahora gerente, era la encargada de coordinar con todos los departamentos y mantenerlo informado de cada movimiento.Al entrar nuevamente en la empresa, Ha-na fue recibida con cariño. Sus compañeros la habían extrañado, aunque nadie se atrevió a preguntar el motivo de su ausencia. Ella simplemente sonrió y les agradeció por el apoyo. La relación con todos se mantenía estable, pero la tensión en el aire aumentaba cada vez que Heinz pasaba cerca de ella. No se tocaban, no se miraban con intensidad, pero había algo en sus gestos que no necesitaba confirmación verbal.Erik también estuvo presente en su regreso. Al principio, cuando la vi
Los fines de semana en casa de los Harada se convirtieron en un ritual reconfortante para Heinz y Ha-na. Desde el momento en que cruzaban la puerta de la casa familiar, eran recibidos con calidez y hospitalidad. La señora Harada, siempre diligente y amorosa, les preparaba los mejores platillos tradicionales, mientras el señor Harada conversaba animadamente con Heinz sobre negocios, valores familiares y su país de origen. Entre ellos se había formado un respeto mutuo, aunque el padre de Ha-na aún no comprendía del todo el alcance del amor que su hija sentía por Heinz. Pero lo veía en sus ojos, en su risa, en la forma en que sus hombros se relajaban cuando él estaba cerca.Ha-na disfrutaba de la alegría de estar en su hogar, rodeada por los recuerdos de su infancia, por las voces familiares que la hacían sentir segura. Su hermano menor no tardaba en acercarse a Heinz con admiración disimulada, tratando de aprender de él sin que se notara demasiado. Heinz lo trataba con la misma seriedad





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