63. La hoja
Al llegar al penthouse, ambos tomaron caminos separados hacia sus habitaciones, sin cruzar una sola palabra. Ha-na se dirigió a su cuarto y cerró la puerta con cuidado, como si el simple acto de aislarse pudiera protegerla de sus propios pensamientos. Se sentó en la cama, soltando un suspiro profundo mientras sus dedos jugaban con la tela de su camisa. No podía evitar que los recuerdos de aquella noche regresaran una y otra vez, que las palabras de Heinz resonaran en su mente como una letanía i