31. El segundo
El corazón de Ha-na latía con fuerza, y su cuerpo temblaba ante el roce sutil de los dedos de Heinz. Sabía que tenía que cumplir con lo pactado, pero esa conciencia no evitaba el vértigo que sentía cada vez que él se acercaba. La presión de sus labios había encendido algo en su interior, algo que se resistía a aceptar. Su cuerpo aflojaba involuntariamente ante la cercanía, los ojos entrecerrados como si estuviera dispuesta a ceder… Aunque en su mente se repetía que no debía dejarse llevar.
—He