30. Lo acordado
Ha-na sintió un leve escalofrío recorrerle la espalda al escuchar esas palabras. Sabía lo que venía, y aunque su mente luchaba contra la idea, su cuerpo parecía traicionarla una vez más. El contrato que había firmado con Heinz Dietrich no dejaba espacio para dudas: un beso diario, sin importar las circunstancias. Lo había hecho por necesidad, para no perder su oportunidad en la empresa y escapar de su pasado. Sin embargo, cada vez que se encontraba en situaciones como esta, sentía que el precio