32. El trabajo
El penthouse estaba bañado por la luz suave que entraba a través de las ventanas enormes, donde la ciudad parpadeaba en la distancia. Era un lugar de lujo, sin duda, pero esa noche parecía un lugar de confinamiento. Ambos estaban atrapados, no por las paredes, sino por el silencio que se cernía sobre ellos.
Heinz la observó de reojo mientras ella avanzaba por la sala de estar, con su figura delgada y elegante moviéndose con la gracia de alguien que intentaba no llamar la atención. Él quería dec