24. La bofetada
Ha-na se apartó de Heinz tan rápido como si el contacto entre ellos la hubiera quemado. El calor de sus mejillas no era solo por la cercanía, sino por la furia contenida, la confusión y el torbellino de emociones que Heinz provocaba en ella. Sentía sus labios hinchados y húmedos por el eco del beso aun vibrando en su piel, y esa sola idea la llenaba de vergüenza y rabia. Su corazón palpitaba descontrolado, no tanto por el beso en sí, sino porque, contra todo lo que quería admitir, una parte de e