25. La mudanza
En su sueño, las imágenes del beso volvieron a ella, pero esta vez eran confusas, distorsionadas. El rostro de Heinz seguía siendo claro, pero en el fondo, había una extraña sensación de que algo más estaba por suceder, algo que aún no podía comprender. El ósculo, el contacto, todo eso quedaba atrapado en la nebulosa de lo onírico, donde sus emociones y sus pensamientos se mezclaban en una maraña incontrolable. Al final, solo quedaba una cosa clara en su mente: Heinz era un problema, y uno del q