195. La confesión
—¿Por qué eres tan hermosa? —preguntó con una voz que era apenas un susurro, cargada de admiración y ternura—. Desde que te vi, me hechizaste.
Ha-na, aun tratando de recuperar el aliento, desvió la mirada un momento, como si las palabras de Heinz fueran demasiado intensas para sostener su mirada directamente. La vulnerabilidad que sentía en ese instante no la debilitaba, sino que la hacía más humana.
—¿Por qué te gusto? —respondió ella, también en un susurro, sus palabras entrecortadas por la e