194. El frenesí
El aire en la suite estaba cargado de una intensidad que era abrumadora. Heinz, con movimientos fluidos y decididos, levantó a Ha-na en sus brazos como si no pesara nada, como si fuera la flor más ligera de un campo. Ella, sorprendida por su gesto, dejó escapar una pequeña risa nerviosa antes de rodear su cuello con los brazos. Su mirada, llena de una mezcla de deseo y ternura, la sostuvo mientras él iba hacia la habitación.
Ha-na venía de una familia coreana y japonesa con tradiciones conserva