180. La cena

Más tarde llegó padre de Ha-na. En su curiosidad, desde que había llegado divisado aquel auto que se encontraba estacionado. No había indicios de nadie y era raro que en vehículo de esa marca estuviera abandonado en la calle.

—¿Creen que debería llamar a la policía? —dijo el señor Harada, comentándole a su esposa y a su hijo.

Ha-na bajó, luego de ducharse con Heinz. Tenía que hacer la cena. Vio a su familia asomada por la ventana.

—¿Qué ocurre? —preguntó Ha-na en coreano.

—Un auto diferente ha
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