La mañana siguiente amaneció con un cielo encapotado, cargado de nubes grises que parecían pesar sobre la mansión. Un viento leve recorría los jardines, haciendo crujir suavemente las ramas de los árboles y colando una brisa fría por los ventanales de la sala de ejercicios. En el interior, el ambiente contrastaba con el exterior: cálido, luminoso, con el aroma persistente de aceites de eucalipto y el sonido lejano de un piano tocado en alguna habitación, como música de fondo no planeada.
Maritz