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Los oídos de Linda aún resonaban con la voz suave y melancólica de Steve. Entonces, ¿por qué, al abrir los ojos, sentía que la cabeza estaba a punto de partirse en dos?

El techo blanco, el cuadro abstracto en la pared, las cortinas gris azulado, la luz del sol filtrándose por la ventana… y un par de ojos inyectados en sangre, ardiendo de furia.

¿De quién eran esos ojos? Le resultaban terriblemente familiares.

Linda parpadeó y enfocó la vista…
Era Sebastian.

Su mente despertó de golpe. Se incorporó de un salto.

La manta resbaló de su cuerpo en un instante. Solo entonces se dio cuenta de que e

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