Mundo ficciónIniciar sesión—¡Suéltame! ¡Por favor, te lo suplico! —La voz de Gabriela temblaba mientras miraba a los hombres corpulentos y enmascarados que la rodeaban. El pánico le apretaba el pecho, haciendo que sus palabras se tambalearan.
—No te molestes en suplicar, niña —rió uno de los hombres—. Tu papi solo tiene que pagar, y te dejaremos ir.







