ESTHER
No me gustaba esta casa. Desde la primera vez que puse un paso aquí, el sitio me causaba escalofríos. Todo en ella era imponente, lleno de historia y de recuerdos que no eran míos. Pero hoy no me importaba. Tenía una razón para estar aquí, y no me iría sin respuestas.
Toqué la puerta con firmeza. Liana apareció al instante, como si hubiera estado esperando mi llegada.
—Señorita Esther —saludó con voz neutra—. ¿Necesitas algo?
—Busco a Igor —solté sin rodeos—. Encontré su auto en el bosq