—¿Esther? —La voz profunda de Adriel llegó desde el interior antes de que él abriera la puerta—. ¡Hermana!
—Necesito hablar contigo —dijo Esther, evitando mirarlo directamente a los ojos.
Adriel frunció el ceño, pero le hizo un gesto para que pasara.
—Desapareces por años y regresas solo diciendo que tienes que hablar conmigo.
Ella tragó saliva. El momento que había pospuesto por semanas finalmente había llegado.
—Estoy embarazada.
El silencio que siguió fue tan pesado que casi podía sentirlo