ALARIC
Era su voz, eran sus ojos, pero físicamente no parecía mi exesposa, e incluso su fragancia era distinta, toda ella era distinta.
Elena. Después de tanto tiempo, estaba de pie, diferente pero con esa presencia que siempre había llevado consigo. Pero algo era distinto. Había una determinación en su postura, una frialdad que no recordaba en la mujer que fue mi esposa.
Sentí el suave agarre de Selene en mi brazo, y su perfume familiar me trajo de vuelta a la realidad.
—¿Es ella? —preguntó,