Richard regresó apresuradamente por la salida de emergencia, con el rostro alterado y el teléfono apretado en la mano, como si ocultara un secreto.
Al verlo, el supervisor le gritó de inmediato:
—¡Richard! ¿Con qué derecho te tomas un descanso en horario laboral? ¡Mira a esos pasantes con tasas de entrega más altas! ¡Todos están revisando sus borradores con diligencia! ¿Y tú qué haces? ¿Eh? ¡Inútil!
Richard siempre había sido el típico estudiante brillante en diseño, pero torpe para comunicarse