Senna estaba sentada en la celda de detención, esperando su sentencia. Ya había dejado de resistirse: Magnus estaba convencido de que ella era la asesina. No había escapatoria. Ahora, lo único que le importaba era Tobias.
La puerta se abrió de golpe y una oficial de uniforme femenino llamó:
—Senna Thorne, alguien ha venido a verla.
¿Quién se atrevería a visitarla en un momento como ese?
Se levantó con vacilación y siguió a la oficial. En cuanto vio a quién se enfrentaba, su corazón se encogió.