La mano derecha de Magnus estaba herida, y la herida era profunda, lo que dificultaba muchas de sus tareas. No le gustaba que lo cuidaran ni que lo tocaran, pero Zara era la excepción. Se había convertido en su cuidadora personal, atendiendo sus necesidades diarias.
—Señor Voss, es hora de tomar su medicina —Zara entró en la habitación, sosteniendo un vaso de agua y unas pastillas.
Magnus, que había estado revisando documentos en su estudio con una expresión severa y helada, de repente se suavi