Al ver a la pequeña bailar de emoción, Luca soltó un suspiro de alivio. Al parecer, esta vez había acertado; el regalo había sido todo un éxito. Pero…
—El regalo no puede ser gratis, ¿de acuerdo? —Luca se agachó para ponerse a la altura de la niña—. ¿Puedes ayudarme con una cosita?
De inmediato, Isla se puso en alerta.
—¿Con qué quieres que te ayude? Voy a pensarlo —respondió con seriedad de adulta.
—Jeje —Luca no pudo contener la risa—. Tranquila, no es nada difícil. Solo tienes que vigilar a