—¿Por qué llevas puesto el abrigo de mi prometido? —La mujer celosa examinó a Justine de pies a cabeza con ojos afilados.
—Tenía frío, y Kevin me lo prestó.
Beatrice notó cuando Justine se tocó la marca roja en su cuello. El fuerte agarre del matón pudo haber dañado su esófago y tráquea.
«¿Habrá chismoseado?», se preguntó Beatrice. «Justine no será tan estúpida como para rechazar mi propuesta. Sabe que perderá a su hijo si lo hace». Esta realización hizo que Beatrice recuperara su confianza en