Kevin caminaba de un lado para otro en el pasillo del hospital. Su mirada estaba fija en su exesposa, que tenía las manos apretadas a los bordes de su falda y los ojos bajos.
—¡Es toda tu culpa! —Su voz se estaba volviendo ronca de tanto gritar.
—Bryan recibió un disparo porque el ladrón le haló el brazo para robarle la billetera, pero mi hijo se defendió... Ojalá me hubieran disparado a mí en su lugar.
Kevin no comprendía que ella sacrificó su juventud trabajando en dos empleos para cuidar de