En medio de la tormenta que azotaba la ciudad, las ruedas del lujoso carro rodaban por las calles. Justine estaba instalada en el suave asiento de la parte trasera. Su ropa empapada humedecía la tapicería. Kevin, sentado al otro lado, discutía con su prometida por teléfono móvil.
—No sé a qué hora estaré allí. —Su mandíbula estaba tan apretada que parecía que cada palabra que pronunciaba era una lucha—. Tengo algo importante que atender ahora mismo. Te llamo pronto, ¡hasta luego! —Él tocó la pa