Justine abrió los ojos con dificultad; su cabeza palpitaba como un martillo rabioso.
Una silueta esbelta se destacaba en la habitación, borrosa y casi fantasmal. Ella parpadeó, tratando de aclarar su visión, hasta que la figura se hizo reconocible. Beatrice vestía un vestido negro de manga larga de Balenciaga. La tela asimétrica y retorcida acentuaba su silueta delgada mientras caminaba alrededor del pequeño apartamento de muebles rústicos.
—¿Cómo te sientes, querida? —Beatrice rompió el sil