Mundo ficciónIniciar sesiónLa sala de interrogatorios número 3 de la comisaría de Westminster no tenía ventanas. Era un cubo de hormigón pintado de un gris institucional que parecía absorber la luz y la esperanza a partes iguales. El aire estaba viciado, reciclado una y otra vez a través de conductos de ventilación polvorientos, y la mesa de metal atornillada al suelo estaba fría bajo las manos esposadas de Cynthia Miller.
Llevaba allí doce horas.







