La sala de juntas del piso 50 de la Torre Cavendish era un monumento al poder corporativo. Una mesa de caoba de doce metros de largo, pulida hasta parecer un espejo oscuro, dominaba el espacio, rodeada por sillas de cuero que costaban más que un coche compacto. Las paredes de cristal ofrecían una vista panorámica de Londres, pero esa tarde, las persianas estaban bajadas, sumiendo la sala en una penumbra conspirativa.
Doce hombres y mujeres estaban sentados alrededor de la mesa. Eran la Junta Di