58. Misha
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Kristian entra al salón con Elise tomada del brazo. Las conversaciones bajan apenas un tono cuando los ven cruzar la puerta. Él avanza con seguridad; ella, serena, la espalda recta, el mentón alto.
—Respira —murmura Kristian sin mirarla—. Es solo una fiesta.
—Para ti —responde Elise en voz baja—. Para mí es un campo minado.
Kristian sonríe de lado.
—Entonces caminemos despacio.
Se detienen frente a Yelena, que observa el regalo envuelto con papel oscuro y un lazo plateado.
—Feliz cumpleaños,