54. Vienen los unicornios
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Thomas Collins no está dispuesto a dejarlos ir necesitan el dinero, pero esa niña hizo que todo se descontrolara.
Desde la muerte de Margot Vanderbilt, la empresa se ha venido abajo como una casa mal apuntalada. Pérdidas constantes, inversionistas retirándose con excusas educadas, cuentas que no cuadran. Margot era un genio para los negocios, una mente brillante capaz de ver oportunidades donde nadie más las veía. Pero cuando se trataba del amor, había sido ingenua. Demasiado. Confiar en Thomas fue su peor error.
—¡Esperen, no se vayan! —grita Thomas, saliendo detrás de Elise y Kristian cuando ya están a punto de cruzar la puerta—. Solo queríamos tener un almuerzo tranquilo. ¿Por qué tienes que ser así? ¡Discúlpate con tu hermana y tu madre y dejaré pasar esto!
La voz se le quiebra, pero no por arrepentimiento. Es desesperación.
Elise se detiene en seco y se gira lentamente.
—¿Así cómo? —pregunta, con una calma que corta.
Thomas la mira y, por un segundo, vuelve a sentir es