55. Traerla de vuelta
55
Freyja sabe exactamente cuándo cambian de turno.
Lo aprendió observando, fingiendo somnolencia, contando pasos, midiendo voces. Cada guardia tiene un ritmo. Cada ronda deja un vacío breve, microscópico, pero suficiente. Tres minutos. No más.
Es ahora o nunca.
La casa está en silencio. No el silencio cómodo de la noche, sino ese silencio artificial que existe cuando todo está controlado. Freyja se mueve despacio, conteniendo la respiración. La espalda le arde bajo la camisa blanca que tod