53. Estás desperdiciando talento
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Kiara en vez de sentarse frente a los invitados se sentó al lado de Kristian y la germofobia de Kristian se levantó como un muro. Y se aleja de ella tan rápido que hace que todos se queden atónitos. Todos menos Elise.
—La comida está servida —anuncia la empleada oportunamente, rompiendo el silencio espeso que se ha instalado en la sala.
El aviso funciona como una válvula de escape. Thomas y Teresa se levantan casi de inmediato, como si el simple acto de caminar hacia el comedor pudiera devolverles el control de la situación. Kiara los sigue con una sonrisa ensayada. Elise y Kristian, en cambio, se toman unos segundos más. No por cortesía, sino por cálculo.
Kristian se pone de pie primero y le ofrece la mano a Elise. Ella la acepta sin mirarlo, con la mandíbula tensa. Caminan juntos, sincronizados, como si hubieran ensayado ese desplazamiento toda la vida.
En el comedor, la mesa está dispuesta con una perfección casi ofensiva. Platos caros, cubiertos alineados al milímetro, cop